jueves, 1 de julio de 2010

Metro sin medida

Durante esta semana la gente que vive en Madrid o pasa por la ciudad está sufriendo las consecuencias de la huelga –o capricho- promovida por los trabajadores de Metro ante la negativa a aceptar un recorte salarial que afecta a millones de españoles. Pero claro, todos los demás colectivos no pueden quejarse o, al menos, no han llevado la situación hacia un extremo tan salvaje. Mis padres, como los de tantos otros, también sufren desde este mes la rebaja del sueldo, y no creo que los colegios se queden sin el 100% de profesores, los ayuntamientos sin el 100% de su personal o los cirujanos dejen de operar a pacientes en situaciones de urgencia. Y luego, claro, los usuarios no podemos quejarnos porque hemos pasado 2 días sin suburbano y a los usuarios del Abono Transportes no se les devolverá ni un céntimo de euro. Y por supuesto no podemos quejarnos ante las abusivos tarifazos aplicados en los últimos años, muy por encima de la subida de los salarios, especialmente la de 2010, con un Bonobús encarecido en casi un 40%. Y no, nadie ha dejado de subir al Metro, porque nosotros, en estos casos por desgracia, les necesitamos, y ellos nos necesitan a nosotros, ya que comen de nuestros viajes. Las cosas han llegado al límite en los intercambiadores, pero anoche los búhos que partían desde Cibeles reflejaban a la perfección lo que los piquetes han conseguido: autobuses abarrotados que no podían ni parar a recoger gente. Anoche mismo decenas de personas y yo esperábamos nuestro N16 en la Gran Vía a las 00.30 después de media hora de espera y nos quedamos atónitos cuando el conductor pasaba de largo ante la atestada marquesina porque en el bus no cabía ni Susanna Griso. Y lo más cachondo de todo es que el recorte aplicado a los trabajadores del suburbano es de poco más del 2%, cuando el del resto de funcionarios españoles ronda el 5-6%. Habráse visto semejante egoísmo…

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