Todos llevamos prisa en algún momento del día, a veces incluso vamos distraídos, hemos dormido mal o simplemente vamos pensando en nuestras cosas. Sin embargo, son situaciones puntuales. El problema es cuando hay personas que te dificultan el día a día como algo sistemático, simplemente por falta de modales o porque no se dan cuenta de la que pueden causar. Y así, cada día, te encuentras en el metro situaciones que te hacen plantearte la forma de actuar de la gente. En primer lugar, están los “porteros”: dícese de aquellas personas que entran las primeras al ascensor y se colocan al lado de la puerta cerrando el paso. Llama la atención llegar a un ascensor en el que caben 21 personas y ver que la “primera fila” está ocupada por 4, y aún cabemos otras 17 pero no podemos entrar. Yo hay días que pienso que me van a pedir el D.N.I. para comprobar que tengo los 18, e incluso miro de reojo al niño que está a mi lado y pienso con pena que el pobre tendrá que subir por las escaleras porque no es mayor de edad. Aunque lo peor para los porteros viene cuando, por querer estar tan pegados a la salida para dejar el ascensor los primeros, llegan al vestíbulo y se dan cuenta de que se han dejado los pezones y las pestañas en el piso de abajo cuando se cerraron las puertas. Así que ¡hala! A bajar de nuevo. Y luego están los “buscachollos”. Aquellos que en cuanto el metro se detiene, miran hacia el interior del vagón con los ojos desorbitados y entran sin dejar salir a los demás para pillar el asiento con la mejor oferta, que, oye, estamos en crisis, y si el asiento de la esquina tiene un 40% de descuento, a lo mejor te puedes comprar un chicle a la salida. Porque aunque el 40% de cero siga siendo cero, ¡y lo bien que queda contarle a la vecina que te has llevado el asiento más barato…! Por no hablar de los “kamikazes”, pues aunque quede bien clarito que hay puertas de entrada y de salida (es tan sencillo como elegir la puerta con la franja verde), todavía hay quien al doblar la esquina y salir por la puerta que le corresponde se choca de frente con otro que ni ha mirado qué puerta elegía. Y al final se encuentra con que se ha decantado por la puerta que tenía premio: un chichón o pasar por la puerta, esta vez de entrada, del hospital más cercano, nada de viajes ni dinerito en metálico. Y luego dirán que no puedes ir de frente, porque te has quedado sin ella…
miércoles, 9 de junio de 2010
Modales de medio metro [cap.1]
Todos llevamos prisa en algún momento del día, a veces incluso vamos distraídos, hemos dormido mal o simplemente vamos pensando en nuestras cosas. Sin embargo, son situaciones puntuales. El problema es cuando hay personas que te dificultan el día a día como algo sistemático, simplemente por falta de modales o porque no se dan cuenta de la que pueden causar. Y así, cada día, te encuentras en el metro situaciones que te hacen plantearte la forma de actuar de la gente. En primer lugar, están los “porteros”: dícese de aquellas personas que entran las primeras al ascensor y se colocan al lado de la puerta cerrando el paso. Llama la atención llegar a un ascensor en el que caben 21 personas y ver que la “primera fila” está ocupada por 4, y aún cabemos otras 17 pero no podemos entrar. Yo hay días que pienso que me van a pedir el D.N.I. para comprobar que tengo los 18, e incluso miro de reojo al niño que está a mi lado y pienso con pena que el pobre tendrá que subir por las escaleras porque no es mayor de edad. Aunque lo peor para los porteros viene cuando, por querer estar tan pegados a la salida para dejar el ascensor los primeros, llegan al vestíbulo y se dan cuenta de que se han dejado los pezones y las pestañas en el piso de abajo cuando se cerraron las puertas. Así que ¡hala! A bajar de nuevo. Y luego están los “buscachollos”. Aquellos que en cuanto el metro se detiene, miran hacia el interior del vagón con los ojos desorbitados y entran sin dejar salir a los demás para pillar el asiento con la mejor oferta, que, oye, estamos en crisis, y si el asiento de la esquina tiene un 40% de descuento, a lo mejor te puedes comprar un chicle a la salida. Porque aunque el 40% de cero siga siendo cero, ¡y lo bien que queda contarle a la vecina que te has llevado el asiento más barato…! Por no hablar de los “kamikazes”, pues aunque quede bien clarito que hay puertas de entrada y de salida (es tan sencillo como elegir la puerta con la franja verde), todavía hay quien al doblar la esquina y salir por la puerta que le corresponde se choca de frente con otro que ni ha mirado qué puerta elegía. Y al final se encuentra con que se ha decantado por la puerta que tenía premio: un chichón o pasar por la puerta, esta vez de entrada, del hospital más cercano, nada de viajes ni dinerito en metálico. Y luego dirán que no puedes ir de frente, porque te has quedado sin ella…
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Jóseee!
ResponderEliminar¡Cuántas verdades! muchas veces vivimos tan pendientes del sitio al que tenemos que ir que no "vemos" las cosas que suceden durante el trayecto.
Porfa! no te olvides de aquellos "jóvenes" que hacen como que leen para no dar el asiento a las personas mayores :S
y bueno esto ya sucede en los trenes de cercanías jaja los que se hacen los dormidos cuando ven al revisor porque se han colado!!
jeje :)