
“¿Tienes fuego?”, “¿No tendrás por ahí un pitillo?”, “¿Te apetece un cigarro?”. Estas frases y algunas otras, muy típicas en las noches de pubs y discotecas de hoy en día, podrían dejar de oírse más allá del botellón al aire libre cuando finalmente vea la luz la nueva ley que prohíba fumar en todos los espacios públicos cerrados. ¿Qué pasará entonces? Quizá se dé la curiosa situación de llegar a una discoteca y encontrar a todo el mundo bailando fuera, pegados a la puerta para oír la música pero con los pies en la calle para no infringir la ley. O quizá a partir de ese momento el lugar más codiciado de toda sala que se precie sea la ventana, para asomar la cabeza, bien desde dentro, o bien desde fuera. Sobre todo si en un mismo grupo unos fuman y otros no… O quizá los ya de por sí atestados baños se llenen de fumadores y meones, cada uno a lo suyo. Aunque también habrá quien haga ambas cosas a la vez para ahorrar tiempo, ya que en ese momento las dos serán necesidades urgentes. “¿Está ocupado?” “No, no, yo estoy con un piti, pasa, pasa…”. ¿Y qué ocurrirá con las máquinas de tabaco? Sería un poco incoherente entrar a un pub a comprarte una cajetilla pero tener que salirte fuera a abrirla. ¿Sacarán las máquinas a la calle? De todas formas va a haber que entrar a pedir el mandito. ¿Y qué hará el fumador con su copa? Si no puedes fumar dentro pero tampoco sacarte la copa fuera, o bebes y bailas, o fumas y te aireas. Se acabó lo del cigarro en una mano y la copa en la otra. Los habrá hasta quienes inventen un aparatito para inhalar humo de tabaco. “¿Qué te pasa, eres asmático?” “No, soy tabáquico…”. Según esto, se acabó la ceniza bajo techo. Aunque para algunos, la que es ceniza es la nueva ley. Menos mal que no soy fumador.

Es cierto, creo que será un poco complicado, sobre todo al principio, pero finalmente nos acostumbraremos... La gente no dejará de hacer su vida normal porque no pueda fumar aquí o allá. Así ha ocurrido en otros países europeos o en Estados Unidos...
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